El Omega
Sus Inicios
El odio no
siempre había ocupado sus lazos... hacía mucho tiempo atrás los ojos platinos
de Ratko centelleaban en orgullo cuando su hermana estaba cerca, su cabellera
rubia balanceándose al compás de su andar, escoltada religiosamente por su
protectora.
- Mi hermana –
exclamó, junto a un profundo y pesado acento, antiguo y poderosos, propio de
los dioses, las palabras emergían y envolvían a los presentes cómo si estás
contaran con vida.
Su hermana era
pequeña, delgados hombros y una piel pálida e impecable, carecía absolutamente
de defectos y su belleza era incluso alabada entre los mismos dioses.
o… eso es lo que
le habían dicho.
Ambos fueron
engendrados de la misma matriz, derivados a éste divino refugio desde el
momento de su nacimiento: Los paisajes privados de su padre. Un ente totalmente
desconocido para ambos.
-Mi hermano - Su
voz fue cantarina. Cierta inocencia se colaba en ella.
- Permite que te
escolte- La protectora ya se había inclinado a los pies de su hermana desde qué
Ratko hizo acto de presencia.
Su hermana
asintió, extendiendo la palma en dirección a su protectora. – Déjanos – Ordenó,
e inmediatamente después la guerrera se tensó.
- Lamento mi
atrevimiento, mi joven Ama – Ratko sintió su sangre arder, ya sabía lo que los
labios de la guerrera emitirían, lo había escuchado tantas malditas veces – No
tengo permitido descuidar su divina presencia -
- Protectora, es
su voluntad – El timbre en su voz grave y gutural plasmaba su impaciencia.
- Son órdenes
directas del Amo. - Ratko se vio obligado a cerrar los ojos.
La protectora
ofreció un látigo, de cuero y detalles en metal. Un arma capaz de destruir a
los Dioses.
-Ruego qué me
castigue, descargué su enojo sobre mi carne-
- Guarda eso -
ordenó su hermana, y la protectora así lo hizo
Su padre reinaba
con el simple murmullo de su voluntad, todos aquí le pertenecían y le servían.
Cómo siempre
había sido.
Su hermana vestía
una pesada túnica, guantes a juego adornados con preciosas gemas. Ningún hombre
tenía permitido tocarla, privilegio cuál incluso le fue negado a su propio
hermano, hijo de la misma deidad, sangre de su sangre.
<<Éste
lugar está lejos de ser un refugio>>
Pensó. Relajando
finalmente los hombros, la protectora de su hermana no era un simple soldado,
por sus sagradas venas corría el poder suficiente como para eliminar al
mismísimo Creador.
Lo sabía, él
estaba también estaba siendo entrenado por uno.
Y lo estaría por
demasiados siglos antes que su padre finalmente otorgara la divina herencia: El
poder absoluto de un Dios.
Era imposible
conciliar el sueño con tanta desesperación retumbando en su cabeza, las voces
en su interior se agitaban con violencia, desoladas sumergidas en un denso
pesar.
Los ojos platinos
del Omega se cerraron: Las almas en su interior pertenecían a todos aquellos
soldados caídos, el lamento de sus creaciones lo abrumaban.
- Einar – llamó,
desde la supuesta seguridad de sus aposentos exclusivos.
El omega vestía
una fina y delgada camisa inmaculada, su cabello rubio y liso caía
descuidadamente sobre sus hombros aumentando la hostilidad en sus ojos.
Su verdadero
Fore-lesser se presentó ante él.
- Mi amo –
murmuró, apoyando su peso en una rodilla. - ¿En qué puedo servirle?
- Bebe -
Una copa se
materializó entre los delicados dedos. Einar tenía el filo de su sagrada arma
desenfundada, en dirección a su Amo.
El omega en
cambio, extendió la palma.
La mirada pálida
del guerrero se posó sobre su soberano. Y Muy lentamente dirigió su arma, en un
hábil y certero corte, la sangre en el omega empezó a emerger, aquel líquido
negro y espeso abordó la copa.
Las manos de
Einar no temblaban incluso cómo único responsable de su lesión, tenía los ojos
seguían fijos en su amo y éstos se negaban rotundamente a apartarse.
Gota por gota, la
copa fue servida, Callando paulatinamente la angustia asfixiante en su
interior. El cabello pálido y recortado del guerrero yacía paralizado, cómo en
metido en un sueño, el rostro impecable no demostraba nada salvo absoluta
adoración.
En un abrir y
cerrar los ojos, la herida se cerró ante su deseo.
-Bebe –
Repitió, y así lo
hizo. El guerrero vertió el contenido a la garganta, tambaleando al instante,
lanzando un feroz rugido ante el ácido sabor. Ante los gritos que atropellaron
su cabeza, el conocimiento de cada soldado caído nutría sus venas,
fortaleciendo su mente ante sus músculos, La repentina bruma de vitalidad sofocó
su subconsciente.
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Lentamente, Einar
abrió los ojos. Confundido. Ya no se encontraba en el otro lado…
Mierda, sentía
cada jodido músculo dormido junto a un violentisima migraña
- ¿Cómo te
encuentras? – La voz de su compañero resonó cómo un leve casi insonoro
murmullo, pero aun así fue capaz de diferenciarlo.
Junto a unas
terribles ganas de vomitar, cada uno de sus órganos.
Aren yacía frente
a él. Una creación antigua cómo él.
Tenía cabello era
tan blanco cómo el suyo, mismo color de ojos, el cuerpo visiblemente más ancho
y músculos tallados, En apariencia al menos le sacaba una década. ¿En la
realidad? Era casi un siglo menor.
- Nada qué no
pueda manejar -
Aren balanceó su
inmenso cuerpo dentro de la habitación.
- ¿Fuiste
llamado?
Einar asintió,
apenas consciente de la fuerte presión que sus dedos ejercían, sumergidos en su
cabello.
- Estarás tumbado
toda la semana.
Maldición, no
podía ni si quiera alzar la mirada, pero estaba seguro que su compañero estaría
sonriendo, una jodida Y odiosa sonrisa:
-No jodas –
Ladró.
- Sólo estoy
devolviéndote el favor.
Bien,
definitivamente no es lo que necesito en éste momento.
-¿Puedo hacer
algo para aliviar su dolor?
DING DING DING
-Mierda sí,
marcharte. –
Ésta vez la
no-diversión fue plasmada en una carcajada. ¿En serio?
-Te traeré algo
para comer, no me extrañes-
-Ten por seguro
que eso es lo último que voy a hacer.
- Sí, sí – agregó
antes de abandonar la habitación.
Y estaba tan
condenadamente agradecido: su camarada había tenido la decencia de apagar la
luz.
Einar volvió a
tumbarse, Con la respiración agitada. ¿En qué momento había regresado al
refugio? Por sus propios medios, no tenía la mínima posibilidad….
Y…. todos los
caminos llevan a Roma, Una imagen se formó detrás de sus párpados: de aquel
impecable cabello dorado, ojos platinos, el rostro imperturbable junto a sus
gestos y facciones tan malditamente delicadas y elegantes, ¿Quién lo diría? Su
amo, sinónimo de todo lo malo, portaba una belleza esculpida realmente por los
más poderosos
Y Einar estaba tan
agradecido de bailar con el demonio.
Él y sus
camaradas lo estaban, ellos… eran seis. Las mejores y más poderosas creaciones
del Omega, bautizados cómo "Los Antiguos" aquellos principales
benefactores de la extensa lista de poderes y habilidades qué la deidad se
había encargado de recolectar, para ellos. Para nutrirlos por más de 500 años.
Una débil sonrisa
emergió en sus labios, aún en medio del caos interno: Ésta ronda resultó
productiva. Tenía un dato nuevo, al igual que siempre… pero, éste era…especial:
Ratko, el nombre con el cuál su Amo había sido concebido


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