sábado, 8 de diciembre de 2018


                               

                                                 El Omega



Sus Inicios

El odio no siempre había ocupado sus lazos... hacía mucho tiempo atrás los ojos platinos de Ratko centelleaban en orgullo cuando su hermana estaba cerca, su cabellera rubia balanceándose al compás de su andar, escoltada religiosamente por su protectora.

- Mi hermana – exclamó, junto a un profundo y pesado acento, antiguo y poderosos, propio de los dioses, las palabras emergían y envolvían a los presentes cómo si estás contaran con vida.

Su hermana era pequeña, delgados hombros y una piel pálida e impecable, carecía absolutamente de defectos y su belleza era incluso alabada entre los mismos dioses.

o… eso es lo que le habían dicho.

Ambos fueron engendrados de la misma matriz, derivados a éste divino refugio desde el momento de su nacimiento: Los paisajes privados de su padre. Un ente totalmente desconocido para ambos.

-Mi hermano - Su voz fue cantarina. Cierta inocencia se colaba en ella.

- Permite que te escolte- La protectora ya se había inclinado a los pies de su hermana desde qué Ratko hizo acto de presencia.

Su hermana asintió, extendiendo la palma en dirección a su protectora. – Déjanos – Ordenó, e inmediatamente después la guerrera se tensó.

- Lamento mi atrevimiento, mi joven Ama – Ratko sintió su sangre arder, ya sabía lo que los labios de la guerrera emitirían, lo había escuchado tantas malditas veces – No tengo permitido descuidar su divina presencia -

- Protectora, es su voluntad – El timbre en su voz grave y gutural plasmaba su impaciencia.

- Son órdenes directas del Amo. - Ratko se vio obligado a cerrar los ojos.

La protectora ofreció un látigo, de cuero y detalles en metal. Un arma capaz de destruir a los Dioses.

-Ruego qué me castigue, descargué su enojo sobre mi carne-

- Guarda eso - ordenó su hermana, y la protectora así lo hizo

Su padre reinaba con el simple murmullo de su voluntad, todos aquí le pertenecían y le servían.

Cómo siempre había sido.

Su hermana vestía una pesada túnica, guantes a juego adornados con preciosas gemas. Ningún hombre tenía permitido tocarla, privilegio cuál incluso le fue negado a su propio hermano, hijo de la misma deidad, sangre de su sangre.

<<Éste lugar está lejos de ser un refugio>>

Pensó. Relajando finalmente los hombros, la protectora de su hermana no era un simple soldado, por sus sagradas venas corría el poder suficiente como para eliminar al mismísimo Creador.

Lo sabía, él estaba también estaba siendo entrenado por uno.

Y lo estaría por demasiados siglos antes que su padre finalmente otorgara la divina herencia: El poder absoluto de un Dios.

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Era imposible conciliar el sueño con tanta desesperación retumbando en su cabeza, las voces en su interior se agitaban con violencia, desoladas sumergidas en un denso pesar.

Los ojos platinos del Omega se cerraron: Las almas en su interior pertenecían a todos aquellos soldados caídos, el lamento de sus creaciones lo abrumaban.

- Einar – llamó, desde la supuesta seguridad de sus aposentos exclusivos.

El omega vestía una fina y delgada camisa inmaculada, su cabello rubio y liso caía descuidadamente sobre sus hombros aumentando la hostilidad en sus ojos.

Su verdadero Fore-lesser se presentó ante él.

- Mi amo – murmuró, apoyando su peso en una rodilla. - ¿En qué puedo servirle?

- Bebe -

Una copa se materializó entre los delicados dedos. Einar tenía el filo de su sagrada arma desenfundada, en dirección a su Amo.

El omega en cambio, extendió la palma.

La mirada pálida del guerrero se posó sobre su soberano. Y Muy lentamente dirigió su arma, en un hábil y certero corte, la sangre en el omega empezó a emerger, aquel líquido negro y espeso abordó la copa.

Las manos de Einar no temblaban incluso cómo único responsable de su lesión, tenía los ojos seguían fijos en su amo y éstos se negaban rotundamente a apartarse.

Gota por gota, la copa fue servida, Callando paulatinamente la angustia asfixiante en su interior. El cabello pálido y recortado del guerrero yacía paralizado, cómo en metido en un sueño, el rostro impecable no demostraba nada salvo absoluta adoración.

En un abrir y cerrar los ojos, la herida se cerró ante su deseo.

-Bebe –

Repitió, y así lo hizo. El guerrero vertió el contenido a la garganta, tambaleando al instante, lanzando un feroz rugido ante el ácido sabor. Ante los gritos que atropellaron su cabeza, el conocimiento de cada soldado caído nutría sus venas, fortaleciendo su mente ante sus músculos, La repentina bruma de vitalidad sofocó su subconsciente.

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Lentamente, Einar abrió los ojos. Confundido. Ya no se encontraba en el otro lado…

Mierda, sentía cada jodido músculo dormido junto a un violentisima migraña

- ¿Cómo te encuentras? – La voz de su compañero resonó cómo un leve casi insonoro murmullo, pero aun así fue capaz de diferenciarlo.

Junto a unas terribles ganas de vomitar, cada uno de sus órganos.

Aren yacía frente a él. Una creación antigua cómo él.

Tenía cabello era tan blanco cómo el suyo, mismo color de ojos, el cuerpo visiblemente más ancho y músculos tallados, En apariencia al menos le sacaba una década. ¿En la realidad? Era casi un siglo menor.

- Nada qué no pueda manejar -

Aren balanceó su inmenso cuerpo dentro de la habitación.

- ¿Fuiste llamado?

Einar asintió, apenas consciente de la fuerte presión que sus dedos ejercían, sumergidos en su cabello.

- Estarás tumbado toda la semana.

Maldición, no podía ni si quiera alzar la mirada, pero estaba seguro que su compañero estaría sonriendo, una jodida Y odiosa sonrisa:

-No jodas – Ladró.

- Sólo estoy devolviéndote el favor.

Bien, definitivamente no es lo que necesito en éste momento.

-¿Puedo hacer algo para aliviar su dolor?

DING DING DING

-Mierda sí, marcharte. –

Ésta vez la no-diversión fue plasmada en una carcajada. ¿En serio?

-Te traeré algo para comer, no me extrañes-

-Ten por seguro que eso es lo último que voy a hacer.

- Sí, sí – agregó antes de abandonar la habitación.
Y estaba tan condenadamente agradecido: su camarada había tenido la decencia de apagar la luz.

Einar volvió a tumbarse, Con la respiración agitada. ¿En qué momento había regresado al refugio? Por sus propios medios, no tenía la mínima posibilidad….

Y…. todos los caminos llevan a Roma, Una imagen se formó detrás de sus párpados: de aquel impecable cabello dorado, ojos platinos, el rostro imperturbable junto a sus gestos y facciones tan malditamente delicadas y elegantes, ¿Quién lo diría? Su amo, sinónimo de todo lo malo, portaba una belleza esculpida realmente por los más poderosos
Y Einar estaba tan agradecido de bailar con el demonio.

Él y sus camaradas lo estaban, ellos… eran seis. Las mejores y más poderosas creaciones del Omega, bautizados cómo "Los Antiguos" aquellos principales benefactores de la extensa lista de poderes y habilidades qué la deidad se había encargado de recolectar, para ellos. Para nutrirlos por más de 500 años.

Una débil sonrisa emergió en sus labios, aún en medio del caos interno: Ésta ronda resultó productiva. Tenía un dato nuevo, al igual que siempre… pero, éste era…especial: Ratko, el nombre con el cuál su Amo había sido concebido



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