sábado, 6 de octubre de 2018


Caminante nocturno
Parte 2     
Vishous
Antiguo País / Dead Valley


Años después de su llegada a las tierras de Anthón D'Lacurt, el joven macho se desenvolvía con facilidad en su nueva vida; no le había sido fácil decidirse y menos aún adaptarse sin embargo Anthón había sido muy paciente con él...su Rahlman como Vishous consideraba al macho en ese breve tiempo, Anthón no solo lo había sacado de las calles, también le dio un nuevo comienzo y la oportunidad de cultivar su mente, el macho era un erudito y sus amplios conocimientos iban más allá de su época.
Solía decir que algunos de sus tesoros más grandes estaban bajo cuatro paredes, eran todas esas letras resguardadas bajo una viejas pastas de cuero con un cuidado impecable; el joven macho no dejaba de maravillarse con todo lo que aprendía cada vez que su mente repasaba un nuevo libro, con Anthón explicándole a detalle aquello que no lograba comprender del todo, tan ansioso de conocimiento como lo estaba él hacía que su mente procesara todo con una rapidez asombrosa.

Anthón se había enfocado en enseñarle la antigua lengua que según él era la cuna de su raza, Vishous también había aprendido algunos idiomas humanos, el joven macho ahora sabía hablar su lengua fluidamente.
En el campamento, su Padre solía decir que unos parias como ellos no merecían tal conocimiento, para él todos eran demasiado indignos siquiera para escribir solo aquellos que habían tenido una educación fuera de ahí solían hablarla, sin embargo Anthón le había enseñado concienzudamente mucho que el mismo desconocía de su propia raza, incluida la Valia de esos guerreros a los cuales su Sire pertenecía, aún cuando en su padre no tuviera el decoro que su Rahlman le había hecho ver, ese joven que había llegado aquí tiempo atrás aún vivía con los demonios de su pasado pero ahora sabia controlarlos un poco más, ya no era considerado un asesino si no un guerrero.  En el campamento aprendías a matar o a mancillar para sobrevivir, al lado de Anthón aprendió que el combate debía ser algo digno, pese a su noble cuna y a no haber pisado el campamento su Rahlman era un gran guerrero, habilidoso en el combate cuerpo a cuerpo y con cualquier tipo de arma, el macho siempre tenía lecciones nuevas y distintas armas, sin embargo Vishous se volvió bastante bueno con las dagas, Anthón solía decir que se podía hacer poesía incluso en un combate cuando tus manos aprendían a amar aquello que tocaban, su Rahlman solía pasar mucho tiempo forjando dagas con el tamaño y el peso correctos para las manos que las empuñarían, desde ahí comenzaba lo que parecía ser un ritual.
 Vishous aún estaba aprendiendo a forjar pero las Dagas estaban volviéndose algo muy parecido a una pasión para él, aún no era tan habilidoso pero esperaba que algún día sus manos fueran tan buenas como las de Anthón.

Desde varios días atrás Vishous había visto a Anthón trabajar concienzudamente en un par de Dagas perfectas mas conciensudamente que otras veces, a sus ojos eran dignas de un guerrero de alta estima para él por el empeño que había puesto en forjarlas, en sus tiempos libres Vishous trabajaba con Anthón viendo lo que él macho hacia, la noche que las habia terminado su Rahlman debió percatarse de la emoción que había en sus ojos por qué le había permitido tocarlas y moverse con ellas sintiendo la perfección en sus manos, el tamaño y el peso eran adecuados incluso para él, quien las portará debería sentirse honrado con un trabajo tan perfectamente hecho, el amanecer muy pronto llegaría por lo que Anthón los guío a ambos a sus aposentos, Vishous se había escabullido para tomar un par de libros y después regreso a su cámara, no supo cuántas horas durmió aunque no eran muchas, era más de lo que recordaba en otro tiempo de su vida, al incorporarse vio una caja de madera bellamente tallada con su nombre escrito en la Antigua lengua sobre ella, la yema de sus dedos repasaron cada letra antes de abrirla, estaba tan ansioso por abrirla que respirar era algo que comenzó a costarle mucho parecía haber olvidado lo que significaba inhalar y exhalar, sus dedos titubeantentes le dejaron ver el contenido aquellas Dagas que descansaban sobre una cama de terciopelo rojo eran las mismas que habia visto hacer a Anthón con tanto esmero, las mismas que él había sostenido en sus manos le estaban siendo entregadas, en la parte superior dentro de la caja habia letras grabadas en la Antigua lengua "La fuerza y el poder son una daga de doble filo que solo puede sostener alguien digno de ella" Vishous cayó sobre su culo sintiendo una fuerte opresión en el pecho, recordaba muy bien la primera vez que había escuchado esas palabras y ahora comprendía su significado, toda aquella congoja no era solo por que Anthón lo consideraba digno, nunca antes le había importado a nadie y mucho menos había recibido un regalo, Vishous jamás habría esperado para si mismo algo de tal valia, su mente no sabía cómo procesar todo aquella marea de emociones pero su corazón si, por primera vez el se sintió un macho de valía y no solo la escoria que fue siempre para otros, no recordaba como era llorar y sin embargo ahora sentía un nudo enorme que dolía enmedio de su pecho, sus ojos ardían y aún cuando se resistió gruesas lágrimas brotaron de ellos como si todo el dolor y la ira emergieran comenzando a rebasarlo, se sumergió tanto en controlar lo que sentía que no supo cuando había llegado el apasible Anthón que estaba de pie a unos pasos de él, las manos de Vishous intentaron ocultar con furia aquel brote de debilidad limpiando sus lagrimas de golpe, pero sintió como lo sujetaban duramente impidiendoselo — Para sanar nuestras heridas muchas veces hemos de quebramos Vishous, hacerlo no es indigno muchacho solo una parte del proceso, no puede tapar una herida y olvidarte de ella por que tu carne se volverá putrefacta — esa noche para Vishous fue la mejor de su vida después... todo habia seguido su curso.

Anthón tenía el respeto de Vishous no solo por todo aquello que le aportaba si no por quien era detrás de esa aparente calma, la fortuna de su Rahlman era incuantiable y crecía día a día gracias a sus prósperos negocios, Anthon D'lacurt era un macho de alto poderío y dado su estatus como Princeps de Glymera era alguien bastante respetado, la mayoria se mantenían alejados de su vida y sus asuntos, dentro de las costumbres de su raza un macho podía emparejarse con más de una hembra así que no era malvisto que Anthón estuviese unido a su Hechicera y a su Sirena como el solía llamarlas, lo inusual era que ambas vivieran bajo el mismo techo y que las dos estuvieran bien con eso, en su tiempo con Anthón jamás vio algún tipo de recelo entre ellas solía verlas algunas veces compartiendo el Té en el gran salón entre amenas charlas o encargándose de sus hijos sin tampoco hacer ninguna diferencia entre ellos, aún cuando eran tan distintas ninguna era más bella que la otra ambas hembras eran altas y esbeltas revestidas de elegancia y gentileza.

Aghata era como la reencarnación misma del embrujo y la atracción poseía un larga y rizada melena azabache que caía en cascada muy por debajo de sus esbeltos hombros con unas cejas del mismo color perfectamente arqueadas en contraste con su piel canela, la hembra poseía una hermosa mirada violeta recubierta con unas largas y rizadas pestañas el jamás había contemplado unos ojos tan bellos, sus pómulos hacían resaltar su fina y elegante nariz, pero eran sus labios los que lograban hechizar a más de uno, rojos y gruesos dibujaban un arco perfecto como si pidieran a gritos que los mordieras y succionaras hasta hartarte de ellos.

Milena la rubia ártica era una sirena seductora, la hembra tenia una piel nivea tan clara como porcelana con los ojos de un turquesa brillante que le daban a su rostro una apariencia angelical, el color de su voz era tan suave y melodioso que la hembra podia enmudecer a todos solo para escucharla si acompañaba el sonido con suave aleteo de pestañas de esa mirada verdosa y una sonrisa con esos hoyuelos de pilluela que se formaban en sus mejillas devastaba y te ponía de rodillas en un santiamen.

Vishous era muy consciente que nunca había visto hembras más hermosas que aquellas que eran el tesoro mas preciado de Anthón, donde también existía Adhara esa jodida hembra que a su corta edad era peor que una maldita piedra en el zapato, una clásica niña mimada petulante y engreída sin más, que nunca perdía el momento de humillarlo en privado o recordarle su lugar frente a todos, la única razón por la que aún conservaba la cabeza sobre sus hombros era por ser hija de su Ralhman, frente a Vishous ser una hembra no te daba la seguridad de vivir si estabas bajo su mano y no se avergonzaba de ello su Padre le había enseñado muy bien en el campamento, esa endiablada belleza gitana era la hija de Milena ambas con un gran parecido e igual de seductoras a excepción que de Adhara poseía unos ojos verdes grisáceos que tenían un brillo especial no eran tan claros como los de su Mahmen, su melena rubia tambien era de un color más oscuro y brillante de echo toda ella brillaba, era una hembra tan hermosa y descarada que nunca pasaria desapercibida ni con el más sucio de los harapos, demasiado sensual y femenina la volvía del tipo de hembra que sabías que era peligrosa con un maldito movimiento de caderas donde derrochaba firmeza de carácter pero tambien altanería, esa jodida hembra lo provocaba con solo mirarlo y tan honesto consigo mismo como podía ser admitía qué Adhara le despertaba mucho más que solo odio.

Vishous esa noche se sentía particularmente ansioso después de un arrebato de Adhara donde su fusta había cruzado su rostro, el impulso de la hembra se detuvo cuando vio sus ojos Diamantinos mirarla con total desprecio y con la promesa de que no le mostraría ningúna piedad cuando la tuviera bajo su mano, ella había rebasado sus limites y el debía liberarse o la próxima vez no lograría controlarse frente a ella; bajo al pueblo donde la mayoría de las putas rehuian de él pero sus amos recibian dinero suficiente como para negarselas, el joven macho camino hasta el sótano y entro al cuartucho que reservaban para él, en el centro habia una hembra anclada al techo por los brazos y con el rostro cubierto como él lo había pedido, se acerco a la hembra como un depredador listo para cazar a su presa apoyando el dedo en su cadera la balanceó y eso bastó para que la hembra temblara — Oler tu miedo mientras me deleito en la vista de tu cuerpo es excitante hembra — dijo con voz dura camino para tomar un látigo y se mantuvo a unos cuantos pasos detrás de ella, el primer golpe cayó en su espalda con fiereza... el grito de dolor que escapó de la hembra y el hilillo de sangre que resbaló por su piel lo hizo reír como un poseso, al cabo de un rato la hembra tenía demasiadas marcas en la espalda y mordidas en carne viva en el cuello, en sus pechos y en cada parte donde hubiera una vena de la que él pudiera alimentarse, el olor de sus lágrimas era un aliciente que calentaban al macho y lo volvia más rudo con ella — Ahora viene mi placer — se puso detrás de la hembra y su lengua se deslizó por la curva de su espalda mordiendo y recogiendo la sangre que brotaba de sus heridas, sus gimoteos lo hicieron liberar su Verga y penetrarla de golpe mostrandose indiferente a sus súplicas cada vez que ella le rogaba el bombeaba con mas rabia y excitación, su placer no estaba en poseerla, si no en humillarla hasta quebrarla de una forma cruel y depravada — Sientes cómo entra, como resbala, sientes ese dolor? — dijo casi delirante embistiendola más y mas mientras pasaba las manos por su culo respingón y clavaba sus dedos en su carne.

El sonido de unos pasos resonaron en el pasillo pero él no presto atencion nadie lo interrumpía sin importar cuanto se quejarán o suplicaran las hembras, esta vez fue diferente la puerta se abrió de golpe bajo la mirada furiosa de Vishous por interrumpirlo, su ira paso a la sorpresa cuando pudo vislumbrar aquella silueta en el umbral, el cuerpo de aquel macho ecplisaba por completo la claridad del pasillo pero el reconocía el olor de su tabaco y ese temple sereno mientras observaba la escena dando largas caladas a su pipa.

Al sentir la esencia de aquella hembra desprendiendo terror puro, Anthón resopló su pipa y camino hacia ella sin prestarle ninguna atención a su protegido, arrancó la capucha que cubría su rostro y pudo ver que no era mayor que su hija, la libero viendo sus muñecas y las heridas de su cuerpo en carne viva por lo que la tomo con sumo cuidado, Anthón se disculpó y la reconforto pronunciandole algunas cosas en la antigua lengua, sin permitirle a Vishous decir una sola palabra salió con la hembra en brazos y se encargo de que tuviera los cuidados necesarios después de que el mismo la alimentará, cuándo hubo terminado el macho tomo su caballo y salió del pueblo cabalgando en silencio con Vishous a su lado, bajo el silencio sepulcral entre ambos el macho entendió que era momento de decirle toda la verdad y de darle la última lección que su chico necesitaba.

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