Caminante nocturno
Parte 2
Vishous
Antiguo País / Dead Valley
Años después de su llegada a las
tierras de Anthón D'Lacurt, el joven macho se desenvolvía con facilidad en su
nueva vida; no le había sido fácil decidirse y menos aún adaptarse sin embargo
Anthón había sido muy paciente con él...su Rahlman como Vishous consideraba al
macho en ese breve tiempo, Anthón no solo lo había sacado de las calles, también
le dio un nuevo comienzo y la oportunidad de cultivar su mente, el macho era un
erudito y sus amplios conocimientos iban más allá de su época.
Solía decir que algunos de sus tesoros
más grandes estaban bajo cuatro paredes, eran todas esas letras resguardadas
bajo una viejas pastas de cuero con un cuidado impecable; el joven macho no
dejaba de maravillarse con todo lo que aprendía cada vez que su mente repasaba
un nuevo libro, con Anthón explicándole a detalle aquello que no lograba
comprender del todo, tan ansioso de conocimiento como lo estaba él hacía que su
mente procesara todo con una rapidez asombrosa.
Anthón se había enfocado en enseñarle
la antigua lengua que según él era la cuna de su raza, Vishous también había
aprendido algunos idiomas humanos, el joven macho ahora sabía hablar su lengua
fluidamente.
En el campamento, su Padre solía decir
que unos parias como ellos no merecían tal conocimiento, para él todos eran
demasiado indignos siquiera para escribir solo aquellos que habían tenido una
educación fuera de ahí solían hablarla, sin embargo Anthón le había enseñado
concienzudamente mucho que el mismo desconocía de su propia raza, incluida la Valia
de esos guerreros a los cuales su Sire pertenecía, aún cuando en su padre no
tuviera el decoro que su Rahlman le había hecho ver, ese joven que había
llegado aquí tiempo atrás aún vivía con los demonios de su pasado pero ahora
sabia controlarlos un poco más, ya no era considerado un asesino si no un
guerrero. En el campamento aprendías a
matar o a mancillar para sobrevivir, al lado de Anthón aprendió que el combate
debía ser algo digno, pese a su noble cuna y a no haber pisado el campamento su
Rahlman era un gran guerrero, habilidoso en el combate cuerpo a cuerpo y con
cualquier tipo de arma, el macho siempre tenía lecciones nuevas y distintas
armas, sin embargo Vishous se volvió bastante bueno con las dagas, Anthón solía
decir que se podía hacer poesía incluso en un combate cuando tus manos
aprendían a amar aquello que tocaban, su Rahlman solía pasar mucho tiempo
forjando dagas con el tamaño y el peso correctos para las manos que las empuñarían,
desde ahí comenzaba lo que parecía ser un ritual.
Vishous aún estaba aprendiendo a forjar pero
las Dagas estaban volviéndose algo muy parecido a una pasión para él, aún no
era tan habilidoso pero esperaba que algún día sus manos fueran tan buenas como
las de Anthón.
Desde varios días atrás Vishous había
visto a Anthón trabajar concienzudamente en un par de Dagas perfectas mas
conciensudamente que otras veces, a sus ojos eran dignas de un guerrero de alta
estima para él por el empeño que había puesto en forjarlas, en sus tiempos
libres Vishous trabajaba con Anthón viendo lo que él macho hacia, la noche que
las habia terminado su Rahlman debió percatarse de la emoción que había en sus
ojos por qué le había permitido tocarlas y moverse con ellas sintiendo la
perfección en sus manos, el tamaño y el peso eran adecuados incluso para él,
quien las portará debería sentirse honrado con un trabajo tan perfectamente
hecho, el amanecer muy pronto llegaría por lo que Anthón los guío a ambos a sus
aposentos, Vishous se había escabullido para tomar un par de libros y después
regreso a su cámara, no supo cuántas horas durmió aunque no eran muchas, era
más de lo que recordaba en otro tiempo de su vida, al incorporarse vio una caja
de madera bellamente tallada con su nombre escrito en la Antigua lengua sobre
ella, la yema de sus dedos repasaron cada letra antes de abrirla, estaba tan
ansioso por abrirla que respirar era algo que comenzó a costarle mucho parecía
haber olvidado lo que significaba inhalar y exhalar, sus dedos titubeantentes
le dejaron ver el contenido aquellas Dagas que descansaban sobre una cama de
terciopelo rojo eran las mismas que habia visto hacer a Anthón con tanto
esmero, las mismas que él había sostenido en sus manos le estaban siendo
entregadas, en la parte superior dentro de la caja habia letras grabadas en la
Antigua lengua "La fuerza y el poder son una daga de doble filo que solo
puede sostener alguien digno de ella" Vishous cayó sobre su culo sintiendo
una fuerte opresión en el pecho, recordaba muy bien la primera vez que había
escuchado esas palabras y ahora comprendía su significado, toda aquella congoja
no era solo por que Anthón lo consideraba digno, nunca antes le había importado
a nadie y mucho menos había recibido un regalo, Vishous jamás habría esperado
para si mismo algo de tal valia, su mente no sabía cómo procesar todo aquella
marea de emociones pero su corazón si, por primera vez el se sintió un macho de
valía y no solo la escoria que fue siempre para otros, no recordaba como era
llorar y sin embargo ahora sentía un nudo enorme que dolía enmedio de su pecho,
sus ojos ardían y aún cuando se resistió gruesas lágrimas brotaron de ellos
como si todo el dolor y la ira emergieran comenzando a rebasarlo, se sumergió
tanto en controlar lo que sentía que no supo cuando había llegado el apasible
Anthón que estaba de pie a unos pasos de él, las manos de Vishous intentaron
ocultar con furia aquel brote de debilidad limpiando sus lagrimas de golpe,
pero sintió como lo sujetaban duramente impidiendoselo — Para sanar nuestras heridas
muchas veces hemos de quebramos Vishous, hacerlo no es indigno muchacho solo
una parte del proceso, no puede tapar una herida y olvidarte de ella por que tu
carne se volverá putrefacta — esa noche para Vishous fue la mejor de su vida
después... todo habia seguido su curso.
Anthón tenía el respeto de Vishous no
solo por todo aquello que le aportaba si no por quien era detrás de esa
aparente calma, la fortuna de su Rahlman era incuantiable y crecía día a día
gracias a sus prósperos negocios, Anthon D'lacurt era un macho de alto poderío
y dado su estatus como Princeps de Glymera era alguien bastante respetado, la
mayoria se mantenían alejados de su vida y sus asuntos, dentro de las
costumbres de su raza un macho podía emparejarse con más de una hembra así que
no era malvisto que Anthón estuviese unido a su Hechicera y a su Sirena como el
solía llamarlas, lo inusual era que ambas vivieran bajo el mismo techo y que
las dos estuvieran bien con eso, en su tiempo con Anthón jamás vio algún tipo
de recelo entre ellas solía verlas algunas veces compartiendo el Té en el gran
salón entre amenas charlas o encargándose de sus hijos sin tampoco hacer
ninguna diferencia entre ellos, aún cuando eran tan distintas ninguna era más
bella que la otra ambas hembras eran altas y esbeltas revestidas de elegancia y
gentileza.
Aghata era como la reencarnación misma
del embrujo y la atracción poseía un larga y rizada melena azabache que caía en
cascada muy por debajo de sus esbeltos hombros con unas cejas del mismo color
perfectamente arqueadas en contraste con su piel canela, la hembra poseía una
hermosa mirada violeta recubierta con unas largas y rizadas pestañas el jamás
había contemplado unos ojos tan bellos, sus pómulos hacían resaltar su fina y
elegante nariz, pero eran sus labios los que lograban hechizar a más de uno,
rojos y gruesos dibujaban un arco perfecto como si pidieran a gritos que los
mordieras y succionaras hasta hartarte de ellos.
Milena la rubia ártica era una sirena
seductora, la hembra tenia una piel nivea tan clara como porcelana con los ojos
de un turquesa brillante que le daban a su rostro una apariencia angelical, el
color de su voz era tan suave y melodioso que la hembra podia enmudecer a todos
solo para escucharla si acompañaba el sonido con suave aleteo de pestañas de
esa mirada verdosa y una sonrisa con esos hoyuelos de pilluela que se formaban
en sus mejillas devastaba y te ponía de rodillas en un santiamen.
Vishous era muy consciente que nunca
había visto hembras más hermosas que aquellas que eran el tesoro mas preciado
de Anthón, donde también existía Adhara esa jodida hembra que a su corta edad
era peor que una maldita piedra en el zapato, una clásica niña mimada petulante
y engreída sin más, que nunca perdía el momento de humillarlo en privado o recordarle
su lugar frente a todos, la única razón por la que aún conservaba la cabeza
sobre sus hombros era por ser hija de su Ralhman, frente a Vishous ser una
hembra no te daba la seguridad de vivir si estabas bajo su mano y no se
avergonzaba de ello su Padre le había enseñado muy bien en el campamento, esa
endiablada belleza gitana era la hija de Milena ambas con un gran parecido e
igual de seductoras a excepción que de Adhara poseía unos ojos verdes grisáceos
que tenían un brillo especial no eran tan claros como los de su Mahmen, su
melena rubia tambien era de un color más oscuro y brillante de echo toda ella
brillaba, era una hembra tan hermosa y descarada que nunca pasaria
desapercibida ni con el más sucio de los harapos, demasiado sensual y femenina
la volvía del tipo de hembra que sabías que era peligrosa con un maldito
movimiento de caderas donde derrochaba firmeza de carácter pero tambien
altanería, esa jodida hembra lo provocaba con solo mirarlo y tan honesto
consigo mismo como podía ser admitía qué Adhara le despertaba mucho más que
solo odio.
Vishous esa noche se sentía
particularmente ansioso después de un arrebato de Adhara donde su fusta había
cruzado su rostro, el impulso de la hembra se detuvo cuando vio sus ojos
Diamantinos mirarla con total desprecio y con la promesa de que no le mostraría
ningúna piedad cuando la tuviera bajo su mano, ella había rebasado sus limites
y el debía liberarse o la próxima vez no lograría controlarse frente a ella;
bajo al pueblo donde la mayoría de las putas rehuian de él pero sus amos
recibian dinero suficiente como para negarselas, el joven macho camino hasta el
sótano y entro al cuartucho que reservaban para él, en el centro habia una
hembra anclada al techo por los brazos y con el rostro cubierto como él lo había
pedido, se acerco a la hembra como un depredador listo para cazar a su presa
apoyando el dedo en su cadera la balanceó y eso bastó para que la hembra
temblara — Oler tu miedo mientras me deleito en la vista de tu cuerpo es
excitante hembra — dijo con voz dura camino para tomar un látigo y se mantuvo a
unos cuantos pasos detrás de ella, el primer golpe cayó en su espalda con
fiereza... el grito de dolor que escapó de la hembra y el hilillo de sangre que
resbaló por su piel lo hizo reír como un poseso, al cabo de un rato la hembra
tenía demasiadas marcas en la espalda y mordidas en carne viva en el cuello, en
sus pechos y en cada parte donde hubiera una vena de la que él pudiera
alimentarse, el olor de sus lágrimas era un aliciente que calentaban al macho y
lo volvia más rudo con ella — Ahora viene mi placer — se puso detrás de la
hembra y su lengua se deslizó por la curva de su espalda mordiendo y recogiendo
la sangre que brotaba de sus heridas, sus gimoteos lo hicieron liberar su Verga
y penetrarla de golpe mostrandose indiferente a sus súplicas cada vez que ella
le rogaba el bombeaba con mas rabia y excitación, su placer no estaba en
poseerla, si no en humillarla hasta quebrarla de una forma cruel y depravada —
Sientes cómo entra, como resbala, sientes ese dolor? — dijo casi delirante
embistiendola más y mas mientras pasaba las manos por su culo respingón y
clavaba sus dedos en su carne.
El sonido de unos pasos resonaron en
el pasillo pero él no presto atencion nadie lo interrumpía sin importar cuanto
se quejarán o suplicaran las hembras, esta vez fue diferente la puerta se abrió
de golpe bajo la mirada furiosa de Vishous por interrumpirlo, su ira paso a la
sorpresa cuando pudo vislumbrar aquella silueta en el umbral, el cuerpo de
aquel macho ecplisaba por completo la claridad del pasillo pero el reconocía el
olor de su tabaco y ese temple sereno mientras observaba la escena dando largas
caladas a su pipa.
Al sentir la esencia de aquella hembra
desprendiendo terror puro, Anthón resopló su pipa y camino hacia ella sin
prestarle ninguna atención a su protegido, arrancó la capucha que cubría su
rostro y pudo ver que no era mayor que su hija, la libero viendo sus muñecas y
las heridas de su cuerpo en carne viva por lo que la tomo con sumo cuidado,
Anthón se disculpó y la reconforto pronunciandole algunas cosas en la antigua
lengua, sin permitirle a Vishous decir una sola palabra salió con la hembra en
brazos y se encargo de que tuviera los cuidados necesarios después de que el
mismo la alimentará, cuándo hubo terminado el macho tomo su caballo y salió del
pueblo cabalgando en silencio con Vishous a su lado, bajo el silencio sepulcral
entre ambos el macho entendió que era momento de decirle toda la verdad y de
darle la última lección que su chico necesitaba.

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